¡A la batalla cultural con sentido común alternativo!

¡A comenzar la urgente batalla cultural!

Según una encuesta del Grupo Radar (es decir, no estamos ante algo elaborado por El País o canal 4, sino que hablamos de una cosa estudiada y seria), el 74% de los uruguayos está “totalmente” o “algo” de acuerdo en bajar la edad de imputabilidad a 16 años. Hasta acá se trata de algo lisa y llanamente espantoso, pero empeora: el 69% de los votantes del Frente Amplio está a favor de esta medida. Y se agrava: el sector socio-económico bajo es el que más apoya la baja, con un 62%. Todavía falta lo peor: el 61% de los que tienen entre 18 a 29 años respalda “totalmente” dicha medida.

El hecho de que argumentos primarios como los que esgrime el Partido Colorado, liderado a su vez por un hombre de pensamiento tan rústico como Bordaberry hijo, hayan prendido tanto en nuestra sociedad (altamente entre los pobres y los jóvenes, y casi indistintamente entre votantes de izquierda y de derecha) hace que esta nota pueda terminar perfectamente acá, dejando un obvio y fácil diagnóstico: estamos en el horno. Pero intento ir un poco más allá.

Ante esta realidad social, ¿cómo no sentirse inseguro? ¿Qué pasó? Esa entelequia que es “la inseguridad”, ¿divide a la sociedad de este modo? ¿O será que en verdad la sociedad ya está mentalmente estructurada de unas maneras que no queremos ver ni entender? ¿Alguien creyó sinceramente que éramos mayoría? ¿No nos alcanzó con el revolcón del Sí rosado?

Yo no voy a entrar a discutir sobre marxismo, sobre todo por lo elemental de mis conocimientos en la materia, pero después de haber leído ciertas cosas terminé por concluir que el determinismo en Marx no era tanto, y que entre Infraestructura y Superestructura había, en realidad, cierta reciprocidad de influencias.

Está claro que no voté al Frente Amplio creyendo que iba a nacionalizar la banca, y si alguien lo hizo es un iluso que no está en condiciones de exigir tales cosas: lo voté, y no me arrepiento, con la idea central de que iba a significar un cambio cualitativo en nuestro pueblo, confiando en que daría una batalla cultural de tal magnitud que terminaría por lograr una sociedad distinta, mejor, la cual, quizá, el día de mañana se propusiese la edificación de otro orden económico. Suena a romanticismo, asumo, pero pensé que el uruguayo se parecería un poquitito más al hombre nuevo.

Ya vamos seis años en el gobierno -no digo poder, soy romántico pero no estúpido- y como izquierda, ¿hemos sido algo más que un puñado de hombres y mujeres administrando más o menos bien el Estado? ¿Hemos al menos intentado construir una alternativa al sentido común dominante?

Después de todo, ganar o perder una elección puede ser un accidente. Quizá el FA gobierne cinco años más, tal vez diez o cincuenta, o puede que pierda la próxima elección, no lo sé, pero cuando eso suceda, ¿qué habrá dejado en nuestra sociedad? ¿Qué queda? ¿Podemos decir que dejamos una sociedad verdaderamente distinta, más conciente y comprometida? ¿Podemos decir esto cuando los pobres quieren meter presos a los niños pobres y cuando los jóvenes piensan como viejos reaccionarios?

Al PBI se lo lleva el viento, y puede pasar de un segundo a otro de comedia a tragedia, pero lo que queda, lo único que permanece es la gente.

Anoche, la tercera edición del informativo de canal 12 abría con el tema de la famosa bandera gigante, dejando en un segundo plano la sesión en el Senado y la caída inminente de la Ley de Caducidad. Quien no entiende la importancia de democratizar los medios de comunicación, no entiende nada, siendo la cuestión mediática uno de los muchos frentes -quizá el decisivo- de esa batalla cultural a librar. Otro frente es el político partidario: se necesitan más y mejores Comités de Base.

Y claro que hay muchos frentes más, uno de los cuales es este, las redes sociales: debemos superar la dureza discursiva, la inflexible bajada de línea que ahuyenta en vez de sumar. No podemos ser los mismos diciéndonos verdades que todos compartimos. Hay que incorporar gente nueva, utilizar mejores formas, más metáforas y menos panfleto, ser más abiertos: de lo contrario, esto deviene en una inútil masturbación intelectual colectiva.

Pero no todo está perdido. Los datos de la encuesta del Grupo Radar con la cual arranqué esta nota fueron recogidos en diciembre de 2010. La recolección de firmas no se había iniciado ni había pronunciamientos partidarios tan claros. Quizá debamos agradecerle a Pedro que nos haya abierto los ojos y permitido iniciar, de una buena vez, la urgente e imperiosa batalla cultural por un sentido común alternativo.

Estamos a tiempo.
Emiliano Tuala

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3 Comentarios

  • de tere, Abril 14, 2011 @ 21:15

    que lujo…!!!! estos son los jòvenes que quiero en la direcciòn de mi paìs…
    “Y claro que hay muchos frentes más, uno de los cuales es este, las redes sociales: debemos superar la dureza discursiva, la inflexible bajada de línea que ahuyenta en vez de sumar”
    mi partido se tiene que llenar de gente crìtica, que no acepte verticalazos !!!! y mucho menos de viejos acartonados…vamo arriba Emi…vamo arriba Juanan…y todos los que como ustedes veo que apoyan esta lìnea…

  • de jacqueline, Abril 28, 2011 @ 16:11

    Muy bueno el artìculo de Emiliano.
    Es imprescindible la batalla cultural, para realizar cambios reales y profundos,comprenderlos y defenderlos.
    Son innumerables las herramientas para intentar conseguir una sociedad màs comprometida. Con creatividad utilicémoslas a todas.

  • de Gonzalo Amorim, Junio 4, 2012 @ 11:05

    El escritor del artículo no nos sorprende con pensamientos nuevos y frescos. Muy por el contrario sugiere más de lo mismo. “Plus ca change, plus c´est la meme chose” dicen los franceses y tienen razón. Las viejas recetas del Estado omnipresente que todo lo controla y todo lo dirige escudado en la necesidad de “dar una batalla cultural”.Pero la teoría se le hace añicos cuando la mayoría absoluta de la población demuestra estar más preocupada por la inseguridad que por la creación de “el hombre nuevo”. Como la respuesta de la sociedad no está dentro de su paradigma político cree que la solución es más “batalla cultural” y “democratizar los medios de comunicación” que no es otra cosa que más Estado jugando al papel de policía de la libertad de expresión. En lugar de analizar críticamente el contenido de la propuesta del gobierno que es evidentemente equivocada e insatisfactoria desde varios puntos de vista, cree ingenuamente que el problema no está en el contenido sino en las formas. Piensa erróneamente que lo que hay que cambiar son los frentes de “batalla cultural” y sus formas pero no la sustancia de la propuesta. Asume que estar preocupado por la inseguridad reinante es “reaccionario” y que “los pobres” no deberían querer meter presos a los “niños pobres”. Qué falta de entendimiento! El redactor no comprende que lo que moviliza a la sociedad es la defensa de un derecho básico que está protegido por la Constitución: el derecho de propiedad. La gente está harta que la delincuencia rampante atente contra ese derecho básico. Pero la izquierda de intelectuales teóricos de salón universitario, comités de base donde los mismos se repiten hasta el cansancio las mismas ideas, no lo puede comprender porque no encaja en su paradigma. Sus teorías trasnochadas acerca de las causas sociales de la delincuencia que pretenden exculpar a los “niños pobres” como si fueran los hijos pródigos de un Estado paternalista no satisfacen a la sociedad. Y sabe por qué? Porque debajo del disfraz de “niños pobres” con el que el redactor pretende vestirlos hay muchas veces menores asesinos, rapiñeros y violadores. Muchos de ellos son un verdadero peligro para sus vecinos y no tienen ninguna posibilidad de recuperación. Pero como para los teóricos de izquierda no es posible que luego de 7 años de gobierno intentando construir el “hombre nuevo” la delincuencia haya empeorado, la única salida a esa encrucijada es negar que eso haya sucedido y explicarlo como producto de la construcción de los medios de comunicación al servicio de la oposición. Otra vez la teoría conspirativa al servicio de un diagnóstico errado de la realidad. Por ello hay que intervenir a los medios. La izquierda le teme a la sensación de inseguridad pero no porque ella sea real y signifique un daño irreversible para la sociedad sino porque le puede hacer perder votos. Y todo su accionar va en la línea de negar la inseguridad para no perder el apoyo electoral. Siga en esa línea Emiliano que por suerte a su entender cada vez “estaremos más en el horno” y Ud. y otros teóricos como Ud. cada vez más alejados del verdadero sentir de la sociedad. A la pregunta que deja el gobierno del FA, le respondo: un país cada vez más inseguro, un sistema educativo incapaz de formar jóvenes con independencia de criterio aptos para los desafíos que vienen, un sistema de salud lastimoso y muchos nuevos y pesados impuestos. El resto es solo fuego de artificio.

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22/05/2013 - 06:00